LA PALABRA DE DIOS. UNA DISCIPLINA ESPIRITUAL

Así como necesitamos disciplinas naturales tales como disciplina para trabajar y disciplina con respecto a los alimentos, las finanzas, entre otras; también necesitamos disciplinas espirituales, tal como orar, estudiar la Biblia y confesar la Palabra de Dios en voz alta. Posiblemente no siempre deseemos hacerlo, pero al disciplinarnos en ello, lo convertiremos en hábito y entonces veremos buenos resultados, así como vemos resultados en cualquier disciplina que mantenemos durante un tiempo. Hacer lo correcto una vez, no produce resultados buenos duraderos. La disciplina no produce gozo inmediato, pero es una inversión que producirá grandiosos dividendos en su tiempo (Hebreros 12:11).

Lo animo fuertemente a confesar la Palabra de Dios en voz alta diariamente, incluso dos o tres veces al día, o a lo largo del día, según el Espíritu Santo lo inste a hacerlo. Cada vez que venga a su mente un pensamiento que no concuerde con la Palabra de Dios, confiese la verdad de la Palabra de Dios en voz alta y verá cómo desaparece ese pensamiento negativo. Segunda de Corintios 10:4-5 nos enseña que nuestras armas no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, requiere que utilicemos las armas ofensivas: la Palabra de Dios que sale de nuestra boca. Cuando lo confesamos, se convierte en una espada de dos filos que vence al enemigo con un lado y con el otro, abre las bendiciones del cielo. Existen muchas armas defensivas, pero la Palabra es ofensiva: persigue el enemigo haciéndolo retroceder. Al igual que los demás principios de la Palabra de Dios, esto no funcionará si no lo aplica. Conocerlo no cambia las cosas. La fe es activa. Debe ser liberada. Podemos liberar la Palabra de Dios a través de la oración, de confesar su Palabra en voz alta y de actuar inspirados por Dios.

Somos bendecidos en el «hacer» y no solamente en el «saber». Santiago 2:17 dice: » Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma». No debemos ver el acto de confesar la Palabra de Dios en voz alta como una fórmula para obtener todo lo que deseamos. Debemos hacerlo en fe, sabiendo que a Dios le agrada que estemos de acuerdo con su Palabra. Descanse en que Dios mostrará los resultados en el tiempo indicado. Dios es fiel y al continuar haciendo nuestra parte , El no dejará de hacer la suya. Los cambios no suceden de la noche a la mañana cuando comenzamos a confesar la Palabra de Dios en voz alta.

Pero efectivamente veremos cambios poco a poco, y luego veremos buenos resultados al verbalizar nuestra fe y hablar en acuerdo con Dios. En Salmos 45:1, David dijo que su lengua era pluma de escribiente muy ligero. Y en Proverbios 3:1,3 la Palabra afirma que no debemos olvidar su ley, sino escribirla en la tabla de nuestro corazón. A partir de estos dos pasajes vemos que nuestro corazón es la tabla y nuestra lengua es la pluma. Cuando confesamos la Palabra de Dios en voz alta, la escribimos en nuestro propio corazón y esta se establece más firmemente tanto en nuestro corazón como en la Tierra. La palabra de Dios permanece siempre en los cielos ( vea Salmos 119:89) y nosotros la establecemos en la Tierra, cada vez que la confesamos.

En el libro de Romanos vemos un patrón para este principio, el cual nos enseña que para ser salvos debemos creer en nuestro corazón y confesar con nuestra boca. » Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» Romanos 10:9-10. De manera que debemos creer y hablar, hablar y creer; ! ambos van de la mano !.

Fuente: La Biblia. Apuntes bíblicos para tu fortalecimiento espiritual del Doctor Fernando Rosero González, líder en la Iglesia Cristiana Evangélica Casa de Fe.

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