LA RESURRECCIÓN DE CRISTO. LA VIDA ETERNA DESPUÉS DE LA MUERTE.

El cristianismo es una religión basada en la resurrección. Nuestro Señor habló de su resurrección como la señal suprema de su deidad. (Mateo 12 :39). Sus discípulos, ese grupo que se sentía derrotado después de la crucifixión, se sintieron motivados para evangelizar el mundo después de la resurrección. En efecto, todos ellos, salvo Juan, fueron martirizados a causa de su testimonio de haber visto personalmente a Cristo resucitado.

No sólo lo vieron los apóstoles, sino que, como dijo Lucas: «Se presentó vivo con muchas pruebas indubitables (Hechos 1:3) apareciéndoseles durante un período de 40 días después de su resurrección y hablándoles acerca del reino de Dios». En una ocasión fue visto por 120 personas en el aposento alto y en otra oportunidad (posiblemente durante su ascensión), «lo vieron unas 500 personas a la vez (1 Corintios 15:6)». Fue el hecho de la resurrección y el testimonio que dieron los ángeles en Mateo 28:6 «No está aquí, pues ha resucitado, como dijo», lo que motivó a esos discípulos y a los apóstoles a «transformar al mundo» con una evangelización llena de poder. Además, Cristo enseñó en más de una ocasión que las tumbas de los creyentes se abrirán para dar sus muertos, quienes resucitarán » para vida eterna» ( ver a manera de ejemplo, Juan 5:21-24). En Juan 11, justo antes de levantar a Lázaro de los muertos (la tercera persona a quien Jesucristo resucitó) el Señor se vinculó indisolublemente al hecho de la resurrección al decir: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente ¿Crees esto?» (Juan 11:25-26).

Sin lugar a dudas es imposible separar a Cristo de su resurrección. Es una necesidad doctrinal, ya que si no hubiera resurrección, el cristianismo sería un fraude; Jesucristo no sería divino y, como lo expresó Pablo: «Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados» ( 1 Corintios 15:17). Pero, por cuanto Cristo sí resucitó, tenemos la promesa: » Porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14:19). La resurrección de Jesús es medular para la fe cristiana. Si Él no hubiera resucitado de entre los muertos, entonces la fe cristiana no tendría validez, más aún cuando Jesús mismo declaró que resucitaría de entre los muertos al tercer día. Por otro lado, si Jesús resucitó de entre los muertos, entonces todas sus afirmaciones son verdad y ahora podemos estar seguros que sí hay vida después de la muerte.

Este evento está bien documentado por numerosos recursos históricos y confiables. Historiadores como Josefo (c.37-110 DC), Ignacio (c.50-115 DC), Justino Mártir (c.100-165 DC) y Tertuliano (c.160-220 DC) estuvieron convencidos de la autenticidad de la resurrección. Sus escritos validan los relatos de los escritores bíblicos, quienes conforme a los teólogos bíblicos, registraron el evento tan temprano como el año 37 dc y no más tarde del año 64 dc. Además, otros historiadores del primer y segundo siglo incluyendo a Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio Segundo, y Luciano de Samosata, reconocieron el impacto que este evento increíble tuvo sobre la gente de esa época. La Resurrección es una victoria triunfante y gloriosa para cada creyente en Jesucristo, quien murió, fue sepultado, y resucitó al tercer día de acuerdo a las Escrituras. Y, ¡Él vendrá nuevamente!.

Los muertos en Cristo resucitarán primero, luego nosotros, los que hayamos quedado y vivamos para Su venida, seremos transformados y recibiremos nuevos cuerpos glorificados. «Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero» (1 Tesalonicenses 4:13-18). ¿Por qué es importante la resurrección de Jesucristo? Porque demuestra que Dios aceptó el sacrificio de Jesús a nuestro favor. Comprueba que Dios tiene el poder de levantarnos de los muertos. Garantiza que aquellos que creen en Cristo no permanecerán muertos, sino que serán resucitados a una vida eterna, que la tendremos en el Reino de lo Cielos, donde mora nuestro Padre Celestial. ¡Esa es nuestra bendita esperanza!

FUENTE: LA BIBLIA. APUNTES TEOLÓGICOS DEL DR. FERNANDO ROSERO GONZÁLEZ, LÍDER EN LA IGLESIA CRISTIANA EVANGÉLICA CASA DE FE.

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